21 de junio de 2024

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La historia de Caterina, la única alumna de cuarto que juró la bandera en un pueblo de 54 habitantes

Caterina y la jura de la bandera.
Caterina y la jura de la bandera.

El 20 de junio fue un día muy especial en la aldea El Escorial, en Trelew, provincia de Chubut, sobre todo para Caterina Solange Torres y su familia. Caty, como la llaman, es la única alumna de cuarto grado de la escuela N° 212 de ese pequeño lugar de la meseta patagónica, y también la única alumna en toda la aldea que prometió a la bandera.

En la escuela, hay solo 13 alumnos: una en jardín de infantes, seis en primaria y seis en secundaria. Caty comparte el aula con tres compañeros de primer grado, uno de tercero y uno de quinto grado. El maestro, Carlos Rodríguez, recién llegado de Santiago del Estero, organiza todos los días una clase especial para cada uno de ellos y le contó a Eltrece que Caterina es muy buena alumna, que le gusta estudiar y siempre ayuda a los más chicos.

Valeria, su madre, confirmó que sentía “feliz y muy emocionada” por el logro de Caterina, ya que todo el amor y esfuerzo que le pone a la crianza de sus hijas se ven reflejados en este momento. “Ser madre soltera no es fácil, y ver a mi hija que promete a la bandera es un orgullo”, aseveró.

El día más importante para Caterina

En la previa al 20 de junio, Caty repasó el verso que leería frente a todos y el “Sí, prometo”, con un orgullo que contagia.

El día del evento, la pequeña estaba risueña, ansiosa y emocionada, mientras que las mamás de la escuela cocinaban empanadas y pizzas y Élida, una de las vecinas más antiguas del lugar, le preparó una torta enorme de crema, dulce de leche, frutilla y duraznos.

La seño Noelia, el director y otras madres adornaron el salón donde iban a recibir a los invitados, los 53 vecinos que viven en El Escorial, al que se llega después de seis horas de viaje desde Trelew.

En El Escorial no hay electricidad, un generador les da luz ocho horas por día. Sin embargo, en los feriados, el generador se enciende a las 10:00, misma hora de la importante cita, así que todos se prepararon a oscuras.

La tía peinó a Caty, su mamá preparó el guardapolvo, la pequeña repasó unas veces más lo que tenía que leer y salieron todos juntos caminando hacia la escuela bajo los 0 grados de esa mañana helada.

La recibieron con un aplauso, al que respondió con sonrisas al mismo tiempo que se preparaba para ser escolta de la bandera provincial. Luego llegaría el momento más importante: Sebastián Sánchez, el director, leyó la promesa y con un fuerte “¡sí, prometo!” por parte de Caty. Todos aplaudieron.

Caty leyó su poesía, recibió obsequios especiales. Todos bailaron al compás de una canción rodeados de disfraces celestes, blancos y Caty era el sol, sobresaliente entre padres y alumnos. Estaba feliz.

Una vez que terminó el acto formal, todos disfrutaron del almuerzo preparado con tanto amor y de la torta decorada con los colores patrios, que tenía escrito el nombre de la homenajeada.

La sencillez de todo lo que los rodea y la dedicación con la que prepararon todo se mezcla con la emoción de esta niña de nueve años y el orgullo de ver flamear la bandera en un lugar tan alejado y olvidado de nuestro país.

Caty, junto a su hermana Carla, preguntaron dónde es Buenos Aires; ambas tienen la ilusión de viajar en avión. Viven con su mamá, abuelos y tíos en una de las pocas viviendas del lugar. “Necesitamos una piecita para nosotras”, nos contó su mamá Valeria, pero las cosas allá son difíciles. Todo lo pagan entre dos y tres veces más que en Trelew.

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