Por la sequía, en Uruguay tienen que tomar mate con agua mineral para no ponerle agua salada

Por la sequía, en Uruguay tienen que tomar mate con agua mineral para no ponerle agua salada
El equipo autogestivo de "Mate" (Instagram).

Según calculan el impacto hará que gasten unos 100 dólares al mes sólo para comprar agua y poder tomar la infusión de un modo que sea pasable.

Los efectos de la sequía van siendo cada vez más evidentes en distintas partes del mundo, y ahora el impacto le tocó y muy fuerte a nuestros vecinos de Uruguay, quienes han tenido que recurrir al ingenio para no alterar su vida cotidiana.

La humanidad entera no le está encontrando la vuelta a los desastres ambientales, cuya consecuencia más importante es la sequía que de distintas formas viene dejando serias consecuencias en varios lugares del mundo.

En el país del termo bajo el brazo combaten al “mate salado” con litros y litros de agua mineral.

No hay lugar para los débiles, es “de mineral” o no se ceba. Y acá no cebar no es una opción. Ya es toda una inversión seguirle el ritmo a esta pasión charrúa, que está lejos de lavarse.

Por la sequía histórica que casi agotó las reservas de agua dulce y obligó a mezclar esa agua con la del estuario del Río de La Plata, la de la canilla aumentó sus niveles de cloruros y sodio y llevó a que su gusto sea hoy indubitablemente salado.

Es un montón. Pero la infusión patria no es lo único de la vida cotidiana que se trastocó por la crisis hídrica en la capital de Uruguay.

“Estoy gastando un montón de plata en agua embotellada para poder tomar mate todos los días”, dice a Clarín Jorge Seré. Tiene 35 años y con mate y termo a cuestas ofrece free tours a pie desde la Plaza Independencia.

Su trabajo de guía no tiene oficinas. Si antes “mangueaba” agua caliente de cualquier confitería hoy sabe que no puede pedir tanto como que le llenen el termo con agua mineral. Va y la compra.

“¿Mate con agua salada? Imposible, no se puede. Un bidoncito se va por día”, lo acompaña su colega, Martín Escobar (37).

El bidón Salus de 6.25 litros está en promedio 131,3 pesos uruguayos (máximo $138), 3,42 dólares ($ 1.710 argentinos). El bidón Nativa de 6 litros, $ 111,5 (máximo $129), 2,8 dólares ($1.400).

En el último informe del Sistema de Información de Precios al Consumidor (SIPC) el aumento del precio del agua sin gas fue de 0,81% en las botellas y llegó al 1,22% en el caso de los bidones. El que más aumentó fue el más económico, un 3,94%.

Si a una familia tipo, siguiendo la lógica de Jorge y Martín, se le “va” un bidón de agua por día en mate, por semana son 919 pesos uruguayos, casi 24 dólares. Unos 96 dólares al mes.

Tan kármica, tan odiada es el agua que sale de los grifos que a Jorge, como a muchas personas más, hasta le causa rechazo sentir el gusto salado al bañarse.

“Pero en realidad a mí me afecta por el mate, porque tomo mucho, y realmente no es que antes tomaba agua directo de la canilla por sed”, insiste,

Martín tiene el filtro en la canilla de su casa y dice que es inútil. “No le hace nada al agua, se sigue sintiendo la sal, no sirve para el mate. Y, supuestamente, está contaminada además de salada, pero no tenemos mucha información oficial”.

Mario Valdez (30) atiende uno de los puestos de diarios en esa plaza histórica y toma 4 litros y medio de mate “mineral” por día. “Esto es para consumo personal”, dice con una sonrisa y muestra un termo de apenas medio litro. Él tiene la suerte de poder subir a un departamento enfrente para calentar el agua del bidón que compra a la vuelta.

“Está muy salada, es imposible tomar el mate como siempre. Es un cambio de costumbre importante. Pero está muy bravo el sabor si no”.

Mario Dacosta tiene 81 años y es el dueño de ese departamento amigo.

“Yo tengo un aljibe en el campo y recolecto el agua de lluvia para el mate. Que es la mejor. No me da la plata para comprar la embotellada todo el tiempo. Jamás pensamos los uruguayos que iba a pasar esto, que íbamos a tener que hacer pozos en Montevideo para que brote agua dulce”, marca.

Elizabet Acosta (20) y Sofía Bernal (25) están en modo turistas en la plaza. Pero son paraguayas -y, de hecho, una vive en Argentina-, así que también están tomando mate. Con agua mineral, claro.

“Ni loca tomo con el agua de la canilla. Hasta te deja el pelo feo en la ducha. Y las manos resecas”, dice “Eli”. “El gusto a sal es tremendo, muy muy feo. Imposible. Así que tomamos mucho menos mate en este viaje”, aporta Sofi.

Mientras Mariana Medina vende cientos de mates en su puesto de la calle Sarandí, dice que “por gusto” desde mucho antes llenaba el termo con agua mineral y considera que este “mategate” es “más marketing para vender bidones que otra cosa” y que el foco es apoyar la construcción de una nueva planta de agua potable. Se refiere al proyecto Arazatí, que ya tiene dos ofertas en su licitación.

Juan Tambasco piensa muy distinto. No le da agua de la canilla ni a su caniche toy.

“Popy tiene 11 años, hay que cuidarlo. Aunque sea un gasto extra para un jubilado como yo comprarle agua mineral. Pero, además, no la quiere tomar a la de la canilla. Algo hay ahí...”, dice Juan.

Laura Paz es otra jubilada que pasea a Buika (una galgo de 3 años rescatada de las carreras) y a Bandida (mestiza de 19 años) y que invierte en agua mineral para sus mascotas. “Hace un mes que les doy de bidón. Noté que el agua de la canilla les daba diarrea y vómitos. Yo también tomaba directo de la canilla, pero un día me di cuenta del sabor muy salado, y que me hacía mal.”

No lo considera todavía un gasto fijo, por que su hija la ayuda, como para saber en detalle, pero dice que el agua le “aumentó mucho el presupuesto”. El bidón de 6 litros se le va en dos días. Hace poco le costó encontrar. “Como el alcohol en la pandemia, se acabó en las estanterías y tuve que salir a recorrer en busca de agua buena.”

William Curbelo, en cambio, está bien informado de costos. Tiene, “un sueldo de empleado” y no le alcanza para agua mineral en el mate. “Sigo tomando de la canilla porque no me hace mal, todavía. Tengo conocidos que estuvieron descompuestos”, dice a Clarín.

Hay horas, bien temprano a la mañana, y no todos los días, en los que el agua sale mejor, menos salada. Se siente muchísimo menos. Ahí aprovechamos y recolectamos para el resto del día”.

La vida cotidiana cambió en Uruguay también con el café. El dibujante técnico Daniel Saldombide (52) carga dos packs de aguas de un litro para esa dosis de cafeína diaria “libre de sodio”. En La Pasiva, por ejemplo, los clientes que antes preguntaban ¿con qué agua hacen el café? antes de pedirlo, “ya no preguntan porque saben que es con agua mineral”. Los cafés más modestos sólo usan bidón cuando sirven té.

En el restaurante El Berretín se da un fenómeno más por el agua salada. “Cocinamos con agua de filtro (algunos platos y los postres) y ni siquiera podemos usar la máquina (se refiere al lavavajillas industrial), el bachero tiene que lavar a mano. Porque las copas quedan con manchas de sal. Un desastre.”

El límite de lo potable

El Ministerio de Salud Pública sostiene que sigue siendo potable con este grado inusitado de salinidad. Se extendieron hasta el 20 de julio los límites máximos de sodio y cloruro aptos para el consumo, que se ubican en 440 miligramos por litro y 720 mg/l respectivamente.

El de los trihalometanos (THM) -que se definieron como “compuestos químicos orgánicos que se forman durante la desinfección del agua con cloro”- pasó de 1 a 5, al considerar que a corto plazo “no va a producir ningún tipo de daño a la salud”.

Pero, a la par, hasta que se “revisen nuevamente” los parámetros, se determinó que el bajo riesgo se mantiene si se consume hasta 1 litro por día.

Por eso desde la intendencia y Gobierno reparten bidones a las poblaciones más vulnerables (especialmente embarazadas, lactantes y pacientes de policlínicos del área con problemas de hipertensión y nefrológicos), que no pueden acceder a comprarlos, y se abastece a sanatorios públicos y a escuelas del área con camiones cisterna que traen agua dulce desde Costa Azul, a razón de 70 mil litros por día.

Próximamente las cargas se llenarán acá mismo, desde los dos pozos que se perforaron en el céntrico Parque Batlle.

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