29 de mayo de 2024

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Con el ejemplo familiar intacto

Andrés Martínez con sus hijas Paulina (4) y Luciana (2) y su esposa Andrea.
Andrés Martínez con sus hijas Paulina (4) y Luciana (2) y su esposa Andrea.

El papá de Andrés Martínez (35), trabajaba en una fábrica, compró un torno y lo usaba de noche en su pequeño taller hasta independizarse. De niño, jugó en ese lugar que con los años se convirtió en un grande de la metalurgia y metalmecánica: Indument.

Se refiere a sí mismo como “básico” y no le gusta que le digan empresario porque esquiva las categorías. “No percibo lo económico por atesorar, sino por el hacer”, dijo el sanjuanino que cursó un año la carrera de Ingeniería Mecánica y abandonó los estudios para trabajar con su padre. “Empecé la Facultad y no me gustó. No me iba mal, pero no me sentía contento. Un día estaba en una clase, había comprado a medias unos apuntes con un compañero y le dije que se los dejara porque yo no volvía más. Me fui a mi casa, hablé con mi papá y me dijo que hiciera lo que quisiera ‘pero acá vagos no’. Así que empecé en el taller”, comentó.

Está orgulloso de sus padres porque, de no tener nada, con el esfuerzo sacaron adelante la familia. “Nosotros siempre vivimos en Villa del Carril, en la calle Pedro de Valdivia, desde que yo tenía 9 años. Cuando éramos chicos nos hemos mudado ochenta millones de veces, alquilábamos en un montón de lugares hasta que mis viejos compraron un terreno ahí mismo porque mi papá tenía un galpón chico atrás. Después compró otro lote al lado de la casa e hicimos galpón nuevo y agrandamos el viejo taller. Luego, la familia se mudó y la casa quedó de oficina”, relató Andrés, el segundo de tres hermanos. Su hermano mayor es Javier y el menor es Federico.

Andrés en su casa de Santa Lucía.
Andrés en su casa de Santa Lucía.

Papá de Paulina (4) y Luciana (2), vive en Santa Lucía en la casa que pudo construir junto a su esposa Andrea, en un lote que compraron siendo novios. “Estuvimos de novios como diez años y ahora llevamos seis de casados. Desde los 15 a los 19 años salí mucho los fines de semana y viajé, y a los 20 me puse de novio con ella. Nos conocimos en la Escuela Industrial”, comentó. La primaria la hizo en la Escuela Fontana, que está ubicada frente al Parque de Mayo.

Las primeras vacaciones de su vida las tuvo a los 17 años, cuando viajó con su familia a Necochea. Es que su papá invertía cada centavo de ahorro en maquinaria. El fútbol ni le va ni le viene y no mira partidos, tampoco noticieros. No tiene redes sociales porque no le gustan, lee los diarios locales y una vez a la semana revisa los de provincias como Salta, Misiones, Córdoba y Ushuaia. “No me divierte ponerme a ver lo que publican los otros en redes y no me interesa hacerlo. Veo mucho consumismo en eso”, dijo el encargado de Ventas de Indumet, empresa dedicada, desde hace 34 años, a la fabricación, mantenimiento y reparación de grandes componentes de la industria en general.

Andrés está convencido de que con amor, unión, trabajo y sacrificio se puede llegar lejos. “Mis viejos nunca se conformaron, fueron protagonistas de querer cambiar su realidad y no esperaron que alguien viniera a cambiársela. Se casaron muy jóvenes, mi mamá tenía 20 años. Cuando íbamos a la primaria, mi papá tenía su trabajo y le iba bien, ella fue ama de casa y en su tiempo libre hacía alfajores de Maizena, huevos de Pascua, tortas y empanadas para vender. Lo hacía para aportar más a la casa. Mi mamá estaba ocupada y terminaba generando una energía que, con el laburo de mi viejo, hacia que fuéramos para adelante”, relató Andrés. Hoy su mamá se ocupa de la Administración de la empresa.

Una bicicleta y un carro que les regaló su abuelo fueron las herramientas de una especie de pyme infantil. Es que así pudieron recolectar más botellas de vidrio. “La temporada fuerte era Navidad y Año Nuevo. En el fondo de la casa hicimos un depósito de botellas y mi vieja nos quería matar. Fuimos y las vendimos y con esa plata nos compramos un televisor. Mis padres siempre han tenido la idea de que si queríamos algo lo hiciéramos con esfuerzo nuestro. Para aprender a rebuscártela y saber lo que cuestan las cosas. Recuerdo que, a mis 10 años, teníamos un parque grande y la tarea con mis hermanos era cortar el pasto. Los vecinos empezaron a pedirnos que le cortáramos el de su casa y lo hacíamos en las tardes, después de la escuela. Además de ganar plata, nos enseñó a valorar el dinero, ofrecer un servicio y cumplir con el trabajo para que quede bien. Mi hermano más chico ahorró todo y cuando tuvo 17 años, mi papá lo ayudó y se compró un auto”, detalló el empresario (aunque no le gusta que le digan así) que va al supermercado dos veces al año y compra “lo más raro que no me compra mi esposa”.

En su infancia jugaba hasta el cansancio en la vereda de su casa en calle Valdivia, como deporte practicó básquet, rugby e hizo natación. “Hice varios deportes, pero nunca estuve mucho tiempo en uno. Ahora empecé a ir al gimnasio porque no me cuidaba y estoy tomando medidas sino no llegaré a viejo. Hace poco estuve como un mes en cama por dolores de espalda”, dijo el hombre al que le gustaría seguir trabajando incluso durante la vejez. “Quisiera hacer algo siempre, pero sin tener las mismas presiones, sino que sea parte de la diversión”.

Indumet siempre asistió a la industria sanjuanina y cuando se transformó en SRL justo comenzó el auge de la minería en la provincia y el volumen de trabajo aumentó. Actualmente son 150 las personas que trabajan en la empresa, y la cantidad varía dependiendo de las obras. En este momento están construyendo un predio nuevo. “Siempre, en los momentos más difíciles, complicados económicamente que tuvo el país, seguimos apostando e invertimos más”, dijo Andrés, que tiene ganas de estudiar en la Escuela de Negocios, aunque la idea no le quita el sueño. Sus hermanos tampoco estudiaron una carrera universitaria y, con uno de ellos, hizo trabajos particulares en las minas Veladero y Gualcamayo y así conocieron el negocio minero.

Andrés Martínez.
Andrés Martínez.

Andrea, su esposa que es farmacéutica en el Hospital Rawson, entra a trabajar a las 7 de la mañana y es la primera en salir de la casa de lunes a viernes. “Me levanto cuando ella se va y espero que se despierten las niñas. La señora que nos ayuda con las tareas domésticas llega a las 8, a esa hora empiezo a trabajar algo en casa. Por lo general, coordino todas las reuniones para las 9 de la mañana. Llego a las 10 al taller y. salvo algunas veces, estoy de corrido hasta las 17 horas. Después de ir al gimnasio o al aeroclub, regreso a casa y hago la cena porque me gusta hacer de comer. Del jueves al viernes voy a Calingasta, a la finca y algunos sábados trabajamos, sino trato de estar con mis hijas”, detalló.

Parte de sus sueños es conocer la Antártida, Islas Malvinas, Australia y Nueva Zelanda. Dice que no llora fácilmente y que le afecta cualquier situación que involucra a sus hijas, sus padres o la muerte de alguien muy cercano.

“Quedarse quieto no se puede. Siempre hay que estar pensando en crecer en infraestructura, maquinaria o tecnología. La meta es seguir creciendo”, señaló el empresario que quisiera que sus hijas si estudien una carrera y que hagan lo que les guste.

DIVERSIFICANDO

Andrés Martínez prefiere viajar a lugares donde el clima no es caluroso, no es team grandes ciudades y le gusta relacionarse con la gente que habita cada rincón por donde pasa. “En agosto del año pasado nos fuimos un mes a España, alquilamos una casa rodante 15 días y nos paramos en todos los pueblitos”, dijo el empresario que confiesa ser “un desastre con la plata porque no estoy detrás de eso”.

Su lema es que el hobby siempre tiene que estar relacionado con algo productivo. Y prueba de ello es su emprendimiento vitivinícola.

“Hace como 15 años fui al Chinguillo, en el departamento Iglesia, conocí una familia y después plantamos viñas. Es una experiencia que surgió de las idas al campo con un grupo de amigos y comenzó hace ocho años atrás cuando me ofrecieron de regalo un terreno para hacerme una casa, pero les dije que pusiéramos viñas. En el 2020 hicimos el primer vino que se llama El Chinguillo. Ni el vino ni las viñas son mías, eso es para el Chinguillo. Con las ganancias de este año vamos a canalizar la vertiente, se va a invertir en el lugar y todos los años iremos haciendo mejoras”, dijo el emprendedor que es muy positivo y dice que “no hay mucho para no estar contento”.

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